lunes, 14 de septiembre de 2015

El Terremoto de 1985 y la Sociedad Civil en México

Jairo Garzón Montaño

Opinión



La destrucción que provocó el terremoto de 1985, despertó de los escombros los valores de solidaridad del pueblo mexicano que fueron fundamentales en el rescate de las víctimas y apoyo a los familiares, es decir, transformó la manera de cómo organizarnos como sociedad ante contingencias.


La catástrofe y desolación dejó de manifiesto la poca o nula cultura de la prevención y la incapacidad institucional para atender de manera eficiente emergencias de esta naturaleza. En consecuencia, la sociedad se volvió más crítica y participativa en los asuntos de interés público, por ello, nacieron organizaciones de la sociedad civil en favor de la ecología, respeto de los derechos humanos e indígenas y colectivos de promoción al arte y la cultura.


Estoy convencido de que después del temblor nada fue igual, se dieron nuevas formas de organización social, se instituyeron festivales y encuentros de arte, como danza, teatro y música para apoyar a los damnificados y se inició con un programa de reconstrucción de la vivienda. Sólo en el Distrito Federal, el temblor provocó un impulso democratizador que se tradujo en la creación de la Asamblea Legislativa, en la elección del primer gobierno de capital y la puesta en marcha del programa de vivienda más grande la historia moderna del país.


En regímenes democráticos como el nuestro, la sociedad civil tiene un papel de vital importancia, debido a que genera mayores niveles de estabilidad social y política al facilitar el encuentro de los ciudadanos con sus autoridades, además agiliza la comunicación entre los habitantes y sus representantes, lo que en muchos casos permite el acceso mediante la ejecución de políticas públicas a los servicios básicos.


La experiencia internacional evidencia casos de alianzas estratégicas entre sociedad civil y gobierno con resultados exitosos en salud, educación, capacitación para la vida y el trabajo, vivienda, seguridad y cuidado ambiental, que deben tomarse en cuenta en la vida cotidiana de los barrios, colonias, comunidades y regiones del país.


En síntesis, con el terremoto del 19 de septiembre de 1985 resurgió la conciencia cívica de México, al actuar colectivamente ante los problemas de todos, e hicieron de la solidaridad y la autogestión comunitaria la carta de nacimiento de la sociedad civil. Aquel día, emergieron los más altos valores de los mexicanos –solidaridad y empatía-.


Estamos a unos días de conmemorar esta fecha, por lo que es propicio recogerlo, imitarlo y sobre todo no olvidarlo, y que las autoridades locales, estatales y federales, refuercen sus campañas de información y consoliden sus acciones y estrategias de organización, prevención y atención oportuna y ante catástrofes producto de desastres naturales.


Estas líneas, buscan ser un justo reconocimiento a las amas de casa, obreros, estudiantes, empleados y público en general, que se organizaron en brigadas de rescate, cocinas populares y módulos de primeros auxilios que ayudaron a los damnificados. Que se escuche fuerte y claro, con ejemplos como estos, México está y seguirá de pie y con la participación de todos, está más fuerte que nunca.


Twitter:@jairogarzonm



El Terremoto de 1985 y la Sociedad Civil en México

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