Recordar mi niñez para mí no es nada fácil. Estuve enojada todo el tiempo, con mi familia, en la escuela, con mis vecinos. No permitía que alguien se me acercara. Me sentí muy poca cosa.
En el bachillerato reprobé en varias ocasiones un mismo semestre, no me importo, ya que preferí salir a divertirme con mis amigos e imitarlos en todo con tal de sentirme aceptada. Porque tuve la creencia de que solo ellos me hacían un lugar en su grupo y haciendo lo que ellos hacían o querían que hiciera les devolvía el favor.