Después de la jornada electoral y sus resultados en el país vecino, es de vital importancia tener presente que llevamos por lo menos 194 años de relaciones diplomáticas, económicas y culturales, por ello, no hay que perder de vista que desde 1822 se ha dado un intercambio constante y creciente en materia tecnológica, medio ambiental, de seguridad y energética, el cual lejos de disminuir estoy seguro se dinamizará y se traducirá en nuevos proyectos de inversión.
Nuestra relación se ha consolidado como una madura, fructífera y multifacética, muestra de ello, es que las exportaciones de México hacia ese país en 2015 alcanzaron los 308 mil 900 millones de dólares, la Inversión Extranjera Directa de aquel país en México alcanza 15 mil 78 millones de dólares y el flujo comercial que circula a través de la frontera asciende a un millón de dólares por minuto.
Compartimos una frontera de 3 mil 140 kilómetros, reconocida como la más transitada del mundo, debido a que diariamente cruzan por ella más de un millón de personas y más de 300 mil vehículos.
Sin temor a equivocarme, puedo sostener que el gran ganador por su relevancia en el proceso electoral fue la población latina, la cual representa aproximadamente el 17% del total de la población de los Estados Unidos. No fue excepción la trascendencia de los mexicanos, en particular en California y Texas, que son los estados en donde residen más mexicanos, con más de 12 millones y 9 millones respectivamente.
La situación imperante entre ambos países, marcada por el tráfico de drogas, la migración e inseguridad en la frontera y en la región, será motivo suficiente para consolidar la cooperación, el intercambio de experiencias y la retroalimentación de las políticas que tengan como objeto garantizar la seguridad e integridad de los ciudadanos en ambos países.
En particular con Estados Unidos debemos ocuparnos en integrar las cadenas productivas de las pequeñas y medianas empresas al Tratado de Libre Comercio, esto con el objetivo de construir incentivos alternativos para la inversión y propiciar empleos, desarrollar proyectos de inversión, transferencia tecnológica y movilización de inversiones a pequeña y gran escala.
Tenemos diversas áreas de oportunidad en la actualización de los protocolos de protección y asistencia consular para garantizar la materialización de los derechos humanos, así como la efectiva atención a nichos en asuntos de migración, prevención de flujos financieros del crimen organizado, aseguramiento de la paz y seguridad nacional.
En síntesis, nuestra relación bilateral con los Estados Unidos debe concentrase en promover más y mejores opciones de prosperidad y desarrollo para los habitantes de ambas naciones, dicha aspiración se debe basar en los principios consagrados en la Constitución Política y en las normas del derecho internacional.
Después de la jornada electoral en Estados Unidos, me queda claro que México debe ocuparse en robustecer las relaciones bilaterales para fortalecer nuestra presencia en la región de América del Norte y de acrecentar nuestras inversiones e intercambios comerciales, para beneficio de las familias mexicanas.
La relación México- Estados Unidos, más allá de la elección


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