Jairo Garzón Montaño
Opinión
El aumento de la temperatura global, fenómenos meteorológicos extremos, incremento del nivel del mar, sequías permanentes y el progresivo deshielo de las masas glaciares, son sólo algunos problemas medioambientales a los que nos enfrentamos como humanidad. Ante ello, existe un consenso generalizado de que dicha situación es producto de un uso intensivo de combustibles fósiles como carbón, petróleo, gasolinas y demás carburantes derivados del petróleo.
Este contexto nos pone en una severa vulnerabilidad, para dimensionar la problemática, basta mencionar que según datos del Banco Mundial, 15% de nuestro territorio, 68.2% de la población y 71% del Producto Interno Bruto, se encuentran expuestos a efectos negativos del cambio climático. Si a esto le sumamos que en lo que va del siglo XXI, de acuerdo con el Observatorio Global de los Bosques, hemos perdido más de 2.5 millones de hectáreas debido a la falta de políticas locales de preservación y uso de suelo, tenemos como resultado una depredación desmedida de nuestro capital vegetal.
Por lo anterior, estoy convencido de que debemos fortalecer nuestro marco jurídico de conservación y preservación forestal, generar conciencia del impacto nocivo de seguir en esta tendencia, fomentar una cultura de cuidado y consumo responsable, además de cumplir los acuerdos globales del Protocolo de Kioto, la agenda 2030 y de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático para reducir rápida y drásticamente las emisiones de gases efecto invernadero.
Apremia que sociedad y gobierno, llevemos a cabo medidas de política pública para reducir gases y contaminantes para garantizar la sustentabilidad ambiental, proteger a la población de los fenómenos naturales intensos y transitar hacia una economía baja en carbono.
En este sentido, el cambio climático y sus consecuencias, nos obligan a repensar y cambiar la forma de cómo vivimos; adaptar nuestra infraestructura para no malgastar energía, evitar el uso excesivo de vehículos y la detención de la deforestación. Esta aspiración podemos iniciarla desde ahora, por eso los invito a que cambiemos las bombillas tradicionales, compremos productos hechos con papel reciclado, no cortemos árboles y cuidemos nuestra flora y fauna.
En síntesis, México debe seguir promoviendo una política de estado participativa frente al cambio climático y continuar fomentado reuniones de alto nivel para acordar y negociar acciones conjuntas que nos lleven a generar un modelo energético sostenible, capaz de reducir las emisiones de C02 y resarcir paulatinamente los daños producidos por un esquema energético basado en la quema de combustibles fósiles.
Hago votos para que en la Cumbre Climática de Paris 2015, se apruebe un nuevo pacto climático mundial y se cumpla el compromiso de reducir las emisiones en un 85-90% para el año 2050. Existen antecedentes sin precedentes, como el acuerdo entre Estados Unidos y China para reducir sus emisiones; su importancia radica en que ambos liberan más del 40% del total de gases efecto invernadero.
Con una visión y misión colectiva, suma de esfuerzos, voluntades y recursos, iniciemos una revolución energética sustentada en las energías limpias o verdes, claro que podemos frenar y prevenir la destrucción a nuestro medio ambiente, hagámoslo por nosotros, sé que se trata de un esfuerzo de la mayor trascendencia para las nuevas generaciones de mexicanos y ciudadanos del mundo. Hagamos que suceda con responsabilidad, perseverancia y trabajo conjunto, no estamos solos.
Twitter:@jairogarzonm
México ante el Cambio Climático
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