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viernes, 18 de septiembre de 2015

CON LA FAMILIA EQUIVOCADA

Tuve una niñez muy rebelde, para empezar deseaba con toda el alma ser una niña rica, que mis padres fueran profesionistas de renombre; como no fue así, lo que hice fue enojarme siempre. De todas las hermanas que somos me creí la mejor de todas, la más bonita, la que tenía un cuerpazo.


Por supuesto, también creí ser la más lista de todas. Cuando en ocasiones mi mamá me mandaba a comprar algo, yo mandaba a una de mis hermanas, a la que consideraba más tonta; la veía tan inútil que pensaba que podía hacer con ella lo que quisiera.


Tampoco me gustó que mi mamá les diera la razón a mis otras hermanas, pensaba que no me quería, que no le importaba. Siempre estuve segura que prefería a una de ellas; desde luego que esto era un maravilloso pretexto para salirme de la casa sin pedir permiso.


Me sentía con libertad para hacer lo que se me diera la gana, llegar a la hora que fuera a mi casa sin importarme que mi mamá se preocupara. Siempre me la pasé enojada, buscando el menor motivo para ofender a mis hermas, aunque siempre arreglaba las cosas para quedar como víctima delante de los demás.


Anhelaba tener todo, sin tener para nada que compartirlo con mis hermanas, quería que todo fuera para mí, hasta que llegó el día en me fui sintiendo cada vez más mal. Cuando sentía miedo, angustia, tristeza y mucha soledad, me entraban crisis muy fuertes de desesperación y no sabía qué hacer.


Ya no podía hacer mi vida normal, tuve que dejar mi trabajo. Después empecé a sentir muchos mareos, insomnio y falta de aire; pensé que lo mejor era consultar a un brujo para que me dijera qué era lo que tenía, pero no encontré remedio a mis males; después fui a consultar a muchos médicos para que me hicieran estudios, pero los resultados siempre salieron negativos, lo que por supuesto me desesperaba porque sentía que me moría.


Viviendo esa crisis tan fuerte fue cuando un familiar me habló del “Movimiento Buena Voluntad 24 Hrs. de Neuróticos Anónimos”. A pesar de lo que sentía, pensé que si los doctores no habían podido sanarme, mucho menos lo iban a poder hacer en este lugar; sin embargo, me sentía tan pero tan mal que no me quedó otra opción.


Cuando me di la oportunidad de asistir al grupo, los que ahora son mis compañeros, me invitaron a escuchar juntas y a externar todo lo que estaba sintiendo; desde ese tiempo hasta ahora, he experimentado una nueva manera de vivir. Por eso, invito a todas aquellas personas que consideren que algo no funciona bien en su manera de vivir, a que se den la oportunidad de asistir al lugar en que mi vida ha cambiado y mucho, para bien.


 



CON LA FAMILIA EQUIVOCADA

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